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Nada de lo humano me es indiferente.

Nada de lo humano me es indiferente. Este lema, aparece al comienzo de “El atormentado a sí mismo” de Terencio. Es bastante popular y normalmente se relaciona con el compromiso hacia la mejora social, con una actitud humanista. Sin embargo, una cosa es el uso que le damos en la actualidad a una expresión y otra muy distinta el sentido que tenía en su origen.

En este artículo trataré ese sentido originario. Merece la pena recuperarlo en cuanto que el problema que señala posiblemente sigue existiendo, no es otro que lo que conocemos como “cotilleo”.

Aunque parezca ajeno a la disciplina filosófica lo cierto es que ahondar en el mismo empuja a la reflexión sobre la sociedad a la que pertenecemos. Con este objetivo lo haré recuperando las visiones de Plutarco y Séneca. Éstos autores se pronunciaron al respecto. Hemos convertido esta práctica en una máquina de generar billetes con la entrada de los mass media, pero es tan antigua como el inicio de la civilización. ¿Cómo debemos actuar respecto a ella?

Origen de la expresión: Nada de lo humano me es indiferente.

Como he dicho, en realidad ésta frase no guarda una relación justificada para ser estandarte de una actitud humanista. La sentencia la pronuncia Cremes, uno de los personajes de la comedia de Terencio. La pronuncia cuando ve que su vecino, sin necesidad aparente, trabaja en el campo. Ante la curiosidad que demuestra, Menedemo le pregunta: “Cremes, ¿tanto tiempo libre te dejan tus propios asuntos para preocuparte de cuestiones que nada te incumben?”. A ello este responde: “Hombre soy, y nada de lo humano considero que me sea ajeno”

Es por ello que debe afirmarse que, en su contexto original, de lo que trata esta frase es del “cotilleo”. Mientras esta práctica se mantiene en la pequeña comunidad familiares o amigos sería un asunto ético de relevancia menor. Pero todo cambia cuando se torna un fenómeno planificado, masivo y muy rentable.

Parece indiscutible que el saber recíproco de los seres humanos es imprescindible en el horizonte de la comunidad, pues esta no podría sostenerse sobre un excesivo individualismo. Sin embargo, no es menos importante la liberalidad que otorga a los individuos la libertad en su privacidad. La reflexión sobre la democracia, no ya sólo ética sino política, aún no ha prestado suficiente atención al fenómeno sociológico del fisgoneo. Esto tal vez se deba a que se suele interpretar como un hecho de la vida cotidiana. Sin embargo, todo adquiere otro cariz cuando pasa a ser una práctica organizada por ciertos medios, dedicados al entretenimiento, que incrementan vertiginosamente aquella pasión a gran escala.

Fenómeno de mass media

Cuando el “cotilleo” pasa de un círculo cercano a convertirse en un entretenimiento habitual ya no se trataría de que sea tal o cual individuo el que fisgonea, sino de producirlo a gran escala. En ese caso los mass media,  así como las redes sociales, generan un volumen desmesurado de cotilleo. Ésto conduce a una revalorización del mismo y, paradójicamente, a una devaluación de la intimidad.

En general, el resultado es que el entrometimiento se ha convertido en un acicate importantísimo de muchos medios de comunicación. Es un hecho que les rinde enormes ganancias, porque les proporciona un público “devoto”. Sin embargo, el fisgoneo generalizado deja aparecer la sombra de prácticas que una democracia no debe ignorar, lo que suele hacerse con demasiada ligereza. Éste “cotilleo como entretenimiento” genera, a corto plazo, un extraño placer de lo morboso, pero también, a largo plazo, hastío y malestar. Como consecuencia, aparece entonces una imagen de la sociedad de la que, con todo derecho, se podría dudar que fuese estimulante.

Una práctica antigua

El tema del entrometimiento no es nuevo, posiblemente es tan antiguo como el proceso de civilización. El mundo grecolatino alcanzó una especial sensibilidad al respecto, coincidiendo con la experiencia de convivencia en grandes ciudades. Al respecto, autores como Plutarco atienden a él.

El cotilleo según Plutarco

Éste en concreto propone que en lugar de estar pendiente de las vidas ajenas el sujeto vuelva sus ojos hacia dentro, donde cabe esperar que se genere un conocimiento útil.  A su juicio, cuando se trata del fisgoneo, estamos siempre tan pendientes de los males y vergüenzas ajenas que acabamos por descuidar nuestros propios asuntos, quizás porque, en el fondo, tememos mirar nuestra propia vida.

Por ello Plutarco propone unas recomendaciones concretas con vistas a no caer en la tentación del entrometimiento que apelan, en última instancia, al autodominio del sujeto.

El cotilleo según Séneca

Pero cabe preguntar en este punto, ¿acaso es inevitable el fisgoneo? Plutarco tiene la esperanza de enmendarlo, con lo que su respuesta sería negativa. Pero en este sentido Séneca no escribe contra los “entrometidos”, como el anterior, sino que adopta la perspectiva de las víctimas de intromisión. Como resultado la respuesta a esta pregunta sería muy diferente.

Muestra de ello es que en una Carta a Lucilio Séneca, asumiendo el cotilleo generalizado, da un consejo a su interlocutor bastante llamativo. Concretamente le aconseja que hay que vivir como si se viviera a la vista de todos o en público, es decir, de modo irreprochable, para no excitar la curiosidad del fisgón.

¿Acaso nos dice este autor que los fisgones, en parte y a su modo insano, contribuyen a una cierta “higiene social”?, ¿se convierte el cotilla en un instrumento de poder en cuanto que para evitar el “chismorreo”, o “el qué dirán”, aumentan las actitudes morales de los ciudadanos? Ciertamente, en la medida en que haya entrometimiento, la presión sería mayor para quien pensase cometer una falta o simplemente llevar una vida escandalosa. En Plutarco, por el contrario, queda aún una cierta esperanza para la liberalidad de la vida privada.

¿Resta democracia?

Si aplicamos esto a la situación actual, estos programas o medios que difunden la práctica del cotilla, ¿son un entretenimiento que nos hace mirar hacia fuera para evitar mirarnos a nosotros mismos?

De ser la respuesta afirmativa el fisgoneo ejerce así un poder que hay que tener en cuenta. Pues, no solo ejerce esa influencia sino que hoy día éste es producido al gusto de los mass media, y por lo tanto responde a intereses económicos de unos cuantos.

Si una sociedad quiere considerarse democrática es posible que deba tener en cuenta este factor que, aunque sutil, está presente en la sociedad. Pues si Séneca estuviese en lo cierto y el cotilla regulara nuestro comportamiento en cuanto que evitamos “el qué dirán”, puede que al tiempo esto suponga un “control” ante ciertas actitudes que la sociedad no considera recomedables. Ésto último implica una especie de control moral, que de tener su origen en esos intereses económicos señalados nos hace intuir que vivimos en un mundo parecido al que nos describió Orwell.

¿Están Plutarco y Séneca en lo cierto al preocuparse por esta cuestión o no ejerce ningún papel importante en el mundo en que vivimos? Ésta que escribe no es tan sabia como para dar una respuesta definitiva, reflexione cada cual según crea.

Raquel Moreno Lizana.

adorno raquel moreno

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