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Tratado sobre la tolerancia: Voltaire

Voltaire (1694-1778) es una de las figuras representativas de la Ilustración. Este proceso propone la cultura como el elemento que permite eliminar las sombras del pensamiento europeo para iluminar a la humanidad a través de la razón.

Prueba de la importancia del francés y de su participación en dicho proceso es la obra que protagoniza esta reseña. Frente una época donde la intolerancia era a veces normalizada, Voltaire redacta este tratado animando a la filosofía a poner fin a un problema tan acusado.

Con ocasión de la muerte de Jean Calas, protestante que fue víctima del fanatismo religioso, nos ilustra en el injusto caso de la condena que este pobre hombre sufrió.

Jean Calas

Jean Calas era un modesto comerciante que residía en Tolouse (Francia), contemporáneo de Voltaire. Tanto Calas como su esposa eran cristianos protestantes. Desgraciadamente para ellos, en aquella época Francia era un país mayoritariamente católico y el catolicismo la religión estatal.

En su época, la dura represión del protestantismo que inició el rey Luis XIV con la revocación del edicto de Nantes (que aumentaba la persecución del colectivo protestante)  había comenzado a ceder. Sin embargo, las mentes no reaccionan rápido a este tipo de cambios. Así que los protestantes sólo eran tolerados, pero el ambiente tampoco era idóneo para ellos.

Calas era una persona bien considerada en su ciudad, un trabajador padre de familia que no daba problemas a la comunidad. Uno de sus hijos, Louis, se convirtió al catolicismo en 1756. Esta cuestión no debería ser importante, no obstante sirvió como excusa para que su destino cambiase trágicamente. Entre el 13 y 14 de octubre de 1761, el primogénito de Calas, Marc-Antoine, apareció muerto en la planta baja de la residencia familiar.

Juicio Calas

Al interrogar a la familia, al principio declararon que había sido asesinado por un ladrón. Más tarde aseguraron que le habían encontrado ahorcado. Aunque en la actualidad suene sospechoso, no debe resultar extraño que intentaran ocultar los hechos. En aquellos años la Iglesia consideraba el suicidio como el más terrible crimen contra uno mismo. Como consecuencia, el cadáver del suicida era ultrajado.

Por amor a su hijo, quisieron evitar tal humillación a su cuerpo. Por ello, dispusieron las cosas para que la escena pareciese un estrangulamiento a consecuencia de un robo.

Pronto surgieron rumores que determinaron el destino de esta familia. En el pueblo comenzó a popularizarse la idea de que había sido Jean Calas el que asesinó a su hijo al enterarse de que, también él, pretendía convertirse al catolicismo. Sin indagar si esta era la intención de joven fallecido, Marc-Antoine, se le declaró inmediatamente como mártir y se le sepultó de acuerdo con el rito católico. Esto supuso la condena formal al padre de asesinato, bajo la cual sólo había una guerra de religiones.

La credulidad de la mayoría llegó hasta tal punto que un 9 de marzo de 1762, el Parlamento de Tolouse sentenció a Jean Calas a morir en la Rueda. Poco después, el 10 de marzo, llevaron a cabo la sentencia y murió mientras clamaba su inocencia. El odio era tal que este castigo no era suficiente. Tras la rueda, se le estranguló y el cadáver fue quemado en la hoguera.

La misma sentencia condenó al destierro a Pierre, otro de los hijos de nuestro protagonista. Además de lo cual, sus dos hermanas restantes fueron llevadas a un convento. Finalmente también se confiscaron los bienes de la familia, y la vergüenza cayó sobre la misma.

Voltaire implicado en el proceso

Este caso sonó por toda Europa, la crudeza de los hechos no era para menos. Voltaire lo conoció estando en Ginebra (Suiza). Pierre Calas, el hijo desterrado a causa de la condena, estaba seguro de la inocencia de su padre. Por ello, no descansó hasta dar con el filósofo ,que ya era reconocido por su tolerancia e ideas progresistas. Finalmente logró convencerle para que le prestase su ayuda.

En un principio sospechaba que Calas había actuado por fanatismo anticatólico.

Voltaire detestaba la intolerancia, independientemente de la religión o ideario que la origine. No obstante, tras investigar lo suficiente se percató de lo injustificado de la condena. Esta sólo había surgido como producto de los rumores del pueblo, no había pruebas ni indicios contra aquél hombre. Jean Calas era la verdadera víctima. Fue un padre de familia que no sólo soportó la muerte de su hijo, sino la acusación infundada del resto que le llevó a la muerte.

Para lograr la revisión del proceso, Voltaire publicó, en 1763, el tratado protagonista de esta reseña: Tratado sobre la tolerancia. Gracias al efecto del mismo, finalmente el 9 de marzo de 1765 se reconoció la inocencia de Jean Calas. Asía la memoria de este hombre y de su familia fue rehabilitada.

Voltaire se convirtió así en el primer escritor francés que se implicó públicamente en un asunto judicial. Y podemos afirmar que su filosofía resultaba acertada si tenemos en cuenta el efecto conseguido. Sin embargo, no cabe reducir el contenido de las reflexiones de esta obra a este caso en concreto.

Voltaire: armas contra la intolerancia

A través de esta historia, Voltaire plantea el problema de la intolerancia de forma abierta. En estas páginas propone la filosofía y el pensamiento racional como las mejores armas para combatirlo. El resultado es un ensayo claramente inmortal. Sus palabras y pensamientos son aun aplicables a muchos de los problemas sociales que a día de hoy aún nos aquejan.

El filósofo plantea que la intolerancia sin ser de derecho divino y/o natural, no puede tomarse de ninguna forma como un derecho humano. Además, en su opinión, el fuego de este mal aumenta con la mala educación. Por si fuese poco, a juicio del ilustrado, la ignorancia que provoca este mal cuenta con la superstición como principal aliada, lo cual desemboca en la insensatez humana. Como alternativa, el pensamiento racional puede disipar las tinieblas que genera este equívoco humano, no es otro el objetivo de esta obra.

Voltaire era un verdadero pacifista. Para él la tolerancia genera el necesario respeto entre individuos que hacen posible una paz social y amor recíprocos, que asoman un horizonte de esperanza para la humanidad.

“¡Ojala todos nos acordemos de que somos hermanos!”, deja el francés escrito en este ensayo. La propuesta presente sigue siendo tarea pendiente, y el deseo que esconde esta sentencia el anhelo íntimo del hombre que se preocupa por el mañana. Para avanzar en la tarea, esta obra es la oportunidad de conocer el consejo de una de las mentes más sabias del pasado.

Raquel Moreno Lizana.

adorno raquel moreno

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